altea psicologos felicidadHemos de tener en cuenta, el fin último de todo ser humano es alcanzar la felicidad. En muchas ocasiones (o casi todas) nos enfrentamos a obstáculos que limitan nuestras posibilidades, pero la felicidad, aunque es difícil que se mantenga de forma continua, depende más de nuestra voluntad y nuestro pensamiento que de todo aquello que nos rodea. Por este motivo, nos gustaría ofrecerte cuatro sencillos pasos para ser más feliz, principalmente, ordenando tus ideas y enfocando tus emociones. Mejor, imposible.

1. Hacer una lista de cosas por las que nos sentimos agradecidos
Sentirse mal es una tendencia, pero darle la vuelta a la tortilla es tan sencillo como preguntarse: “¿Por qué cosas me siento agradecido?”. Al hacerlo, se aumenta la densidad de las neuronas y la inteligencia emocional, lo cual ayuda a mejorar las relaciones personales. Pero además, y muy importante, incrementa la presencia y actividad de la serotonina y de la dopamina –sustancias involucradas tanto en la motivación como en la sensación de placer y felicidad– en los centros de recompensa del cerebro. De esta forma, si hacemos una lista de todo aquello que nos inspira gratitud, llenaremos nuestra mente de ideas que nos hacen sentir mejor, por lo que nos sentiremos más felices.

altea psicologos felicidad 22. Identificar la emoción
Darle nombre e incluso etiquetar lo que sentimos ayuda mucho más que reprimirse o disimular fingiendo que nada sucede. En este último caso quizá consigamos engañar a alguien, aunque no lograremos aplacar nuestro hiperexcitado sistema límbico (el encargado de regular las emociones). Verbalizar las inquietudes mediante categorías o metáforas produce unos cambios mucho más significativos en nuestro cerebro: “Reconocerlas conscientemente reduce su impacto”. Reconocer nuestras emociones las descarga, en gran parte, de sus efectos negativos.

3. Tomar decisiones
Cuando decidimos algo, cerramos un episodio angustioso de incertidumbres y miedo al posible fracaso vinculado a la opción que vayamos a tomar: apostamos por una carta y estamos dispuestos a asumir las consecuencias. Eso en el plano mental. En el cerebral, tomar decisiones y establecer objetivos activa un mismo circuito cerebral dentro de la corteza prefrontal, y lo hace de forma positiva, reduciendo la ansiedad y el estrés. Pero hagamos un inciso: decidir no es siempre triunfar: “la perfección es la enemiga de la felicidad”. Bastará con tomar decisiones lo suficientemente buenas.

4. Abrazar sin pudor
En la edad adulta perdemos la costumbre infantil de abrazar a otra persona, y con ello prescindimos también de uno de los ejercicios más simples de la vida con los que secretaremos hormonas implicadas en combatir el dolor, como la oxitocina. El contacto físico con otras personas es más importante de lo que podamos pensar. Un abrazo largo y sentido nos dará sensación de bienestar y nos hará sentir queridos y a salvo, en parte por la liberación de endorfinas y dopamina. Pero además, ayuda a mejorar el sistema inmunológico. Esto se ha comprobado empíricamente. Sheldon Cohen, profesor de Psicología y director del laboratorio del estudio de Estrés, Inmunidad y Enfermedad de la universidad americana Carnegie Mellon (Pensilvania, EE UU), analizó el efecto de estas muestras de afecto en 404 personas. Los resultados de su investigación, publicada enPsychological Science hace unos meses, sugieren, según sus propias palabras, que “sentir un abrazo de alguien en quien confiamos es una manera efectiva de reducir el estrés, y que aquellos que reciben más abrazos están de algún modo más protegidos frente a las infecciones”.