Comunicar una idea ante un grupo de personas, expresar correctamente un discurso a una concurrencia, no es una necesidad única de grandes directivos de empresas tipo Steve Jobs, si no una necesidad de cualquier persona tanto a nivel personal como laboral si queremos alcanzar ciertos objetivos de nuestras metas. 

De esta forma, todos somos oradores, y puestos a serlo, deberíamos intentar ser lo más profesionales posible: para ello debemos tener en cuenta la importancia de nuestro lenguaje no verbal, es decir, nuestros gestos. Estos gestos, y cada momento en concreto que los usemos, puede perfilar el mensaje de una forma u otra o incurrir en el énfasis adecuado a un detalle de una idea más general.

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La Palma Abierta

El gesto más sutil es extender una o ambas manos en una posición neutral, con los dedos juntos y el pulgar ligeramente hacia arriba. En este caso, el orador quiere demostrar que no tiene nada que ocultar; es una exhibición directa de honestidad. “No tengo nada que esconder“, “¿Acaso les mentiría?“ “Estoy siendo totalmente honesto“, podrían ser algunas de las traducciones de este ademán.

La Palma en reversa

En este gesto, una o ambas manos se proyectan hacia adelante y luego regresan hacia el torso del orador, con las palmas hacia su pecho. Es una metáfora de abrazar a la audiencia y atraerlas más cerca de ti, acercándola a tu punto de vista. Úsala cuando quieras que el público se identifique emocionalmente con esa parte de tu discurso, y se contagie de la pasión que tú mismo sientes.

La Palma Lateral

Puede sonar a golpe de Kung Fu, pero la palma lateral no tiene nada de violenta o agresiva. De hecho, es uno de los gestos más persuasivos que existen, al presentar una o ambas manos agitándose de arriba a abajo en una especie de apretón de manos solitario. Puede hacerse con los dedos separados (Lo que comunica flexibilidad y disposición al trabajo en equipo), o con los dedos juntos (Denotando dirección y autoafirmación). Cuando se hace con una sola mano, la palma lateral es casi un deseo de acercarse a la audiencia y tocarla; con ambas manos casi parecería que le estamos ofreciendo nuestro argumento en “entrega especial“ justo en su puerta.

El Entrelazamiento

Si te dedicas a la mediación o a la resolución de conflictos, éste es tu gesto clave. En el mismo, las manos y los dedos se estiran totalmente y se traen una contra la otra sobre el pecho, entrelazándose. Se diferencia de la palma en reversa en que no se llega a tocar el pecho, sino que se más bien se presenta el “enlace“ hacia adelante, como mostrándoselo al público. Esta señal se utiliza para representar el encuentro de dos puntos de vista opuestos o dispares en una solución viable o ganar-ganar.

La Garra

Gesticular con La Garra es demostrarle al público que el tema del que hablas casi escapa por momentos a tu dominio, comprensión y poder. Literalmente estás luchando por asirte de él y dominarlo; es un efecto increíblemente dramático que debe ser practicado una y otra vez frente al espejo. Este consiste en mostrar la mano como la garra de un oso, y podrás usarlo para demostrar tu poder sobre el asunto tratado.