Todos queremos que la personalidad de los niños se desarrolle de una manera equilibrada y que nuestros hijos crezcan sanos y felices, pero no siempre sabemos en nuestra labor de padres cómo contribuir a ello.

los niños con inteligencia emocional son más exitosos

Los niños con inteligencia emocional son más exitosos

A menudo pensamos que el éxito en la vida está asociado al desarrollo intelectual y por ello nos afanamos en ofrecerle a los pequeños cuantas opciones estimuladoras están a nuestro alcance: idiomas, música, informática, matemáticas…

Sin embargo, cada vez más, los expertos en psicología infantil están siendo conscientes que el éxito en la vida y el buen desarrollo de la personalidad de los niños está más asociado a aspectos relacionados con la inteligencia emocional,es decir a habilidades relacionadas con la capacidad de adaptación, la flexibilidad cognitiva y en definitiva,la gestión emocional. 

El desarrollo emocional, al igual que otros aprendizajes, se adquiere a través de la experiencia y formará parte esencial en la evolución de la personalidad de nuestros hijos.

“Los niños son de su casa”. Me encanta emplear esta frase como punto de partida para explicar a los padres cómo, siendo su hijo un ser único e irrepetible, sin embargo los rasgos que conforman la personalidad  de los niños son fruto de un temperamento,-(rasgos de la personalidad heredada)- que será dictado por la genética y un carácter –(rasgos de personalidad aprendidos) -que se integrarán con las vivencias que experimente cada día. En estas, el estilo educativo familiar y la experiencia contextual imprimirán su sello distintivo.

La influencia de los padres en la personalidad de los niños es un proceso sutil y continuo que se inicia desde el momento de la gestación con unas condiciones físicas y emocionales y se prolongará a lo largo de los años de la infancia y adolescencia.

Hagamos visible ese proceso a través de dos ámbitos de análisis que iremos abordando en sucesivos artículos:

  • Las interacciones cotidianas: intercambio relacionales, hábitos de cuidado personal, normas y                     límites.
  • Interacción con el mundo: aspectos del aprendizaje del individuo influidos por su relación con el                “mundo exterior”: escuela, contexto social, cultural…etc.

Empecemos marcando un punto de partida sobre el que se materializan estas experiencias cotidianas: el vínculo afectivo en la familia.

Las primeras relaciones padres-hijo se establecen a través de actividades en torno al cuidado físico: alimentación, higiene, vestido… A través de esas primeras rutinas se ponen en contacto dos mundos:

            .- Un estilo de atender, en función de la personalidad de los padres( nerviosos, inseguros,                                  tranquilos, seguros …).

            .- Y un estilo de demandar en función del temperamento de los hijos (niños de demanda                                    imperativa, irritables de ciclos irregulares , agitados o niños tranquilos, regulares y fáciles                           de calmar).

En estas primeras interacciones y en la disponibilidad y habilidad resolutiva del adulto ante el requerimiento del pequeño, se irán estableciendo las bases de un vínculo para el que la naturaleza nos dispone biológicamente como forma de asegurar la supervivencia.

Al nacer, ninguno de nosotros somos capaces de regular nuestras emociones. La relación más temprana que se establece y nos permite aprender a controlar nuestro sistema emocional (sistema fisiológico) son las figuras de apego. La calidad de ese vínculo ayuda al niño

familia y personalidad

la familia influye en  la personalidad del niño

a experimentar los primeros sentimientos positivos (seguridad, afecto, confianza) y/o negativos (inseguridad, abandono, miedo).

Nuestra primera contribución al bienestar y desarrollo de una personalidad equilibrada en nuestros hijos, es pues ofrecerles un vínculo seguro en nuestra relación con ellos.

Los padres son durante la infancia el principal recurso de los niños. Adultos disponibles, con una buena capacidad para “sintonizar”con los estados del hijo y capacidad de contención para resolver desde la calma, sin desbordarse, darán a sus hijos la oportunidad de experimentar un lugar seguro. Un vínculo de incondicionalidad donde aprender a conocerse a sí mismo, a identificar sus necesidades y deseos, emociones y sensaciones; a expresar, tolerar y verbalizar sus experiencias cotidianas porque hay un adulto al otro lado dispuesto a quererlo, cuidarlo y aceptarlo. Estos serán los cimientos sobre los que edificar una personalidad sana y equilibrada.

Idea sobre la que reflexionar: “Como nos vinculamos con los hijos, ellos se vincularán con el mundo”.

Julia Sáez Gázquez

Psicóloga Clínica Infantil