Hay dos tipos de personas (quizás para todo); algunos anteponen una queja ante sus obstáculos mientras que otros, los más proactivos, comienzan dando un primer paso hacia la siguiente meta en su camino. Ser -o no ser- proactivo depende en gran parte de la actitud que se tiene. Recomendamos estos tres pasos (contados en primera persona).

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Primer paso: Controla tu actividad

Implantar una metodología que nos permita controlar nuestra actividad, nuestros proyectos y objetivos hace que se genere un interés por los asuntos que nos incumben, para solucionarlos. Creamos un mecanismo para identificar lo que puede convertirse en un problema y actuar en consecuencia para evitarlo. Una vez solucionada la problemática del día a día, cuando ya hemos conseguido controlar la rutina, pasamos a un segundo estadio donde nos marcamos objetivos más ambiciosos – en uno o dos años visado – y donde elaboramos aún más el mecanismo para crear un plan de trabajo , ponerlo en práctica y aplicar las correcciones necesarias para gestionar imprevistos y otros cambios.

Me ha permitido pasar de estar a la expectativa, ser una persona que se escondía ante los imprevistos, a ser parte activa al buscar una solución. La productividad personal incentiva la acción ante el problema en lugar de la evasión.

Segundo paso: Buscando círculos proactivos

No es ningún secreto que el entorno te influye. Si nos rodeamos de personas proactivas, nos interesamos por lo que hacen y creamos puentes de colaboración para trabajar con ellos, esa chispa que salta cada vez que compartimos nuestra experiencia y actividad puede prender y crear una llama que nos empuje también a nosotros. El ejemplo clásico es el de los emprendedores, ¿Cuál es una de las cosas que haces cuando te quieres tirar a la piscina y crear tu propio negocio? Buscar experiencias similares, asistir a eventos donde emprendedores comparta su conocimiento.

He vivido situaciones donde compañeros de proyecto me han introducido en metodologías o ayudado a adquirir hábitos que han mejorado mi calidad como profesional. Según qué compañeros de viaje elijas tu pericia y confianza mejorará. Si se convierten en modelo a seguir te catalizaran su proactividad.

Tercer paso: Hazlo con pasión

Trabajar sin motivación es un factor añadido de dificultad. A lo largo de mi vida me he volcado en trabajos que me apasionaban, intentando aprender todo sobre el tema y focalizando en él mi atención hasta un punto que condicionaba otros aspectos de mi rutina para hacer lo que me gustaba. Esto implica dedicación, incrementar conocimiento y experiencia, y una predisposición a implicarnos en los asuntos que nos permitan cultivar ello. La clave está en descubrir lo que te apasiona y aplicarlo en tu profesión.

Para el resto de proyectos y trabajos sombríos, sin ningún atractivo especial, intento buscar que es lo que puedo sacar, en forma de aprendizaje o de experiencia, todo para intentar generar ganas de hacer. Si aún así sigue sin funcionar me remito al primer punto, a las técnicas de gestión del flujo de trabajo, para convertir un trabajo tedioso en algo más digerible.

Son tres situaciones que pueden actuar como disparador de un cambio de hacer y a la larga de ser. ¿Qué crees que puede cambiar la forma de actuar de una persona? No me refiero a implantar un hábito si no a algo de un alcance mayor, un cambio de actitud, ¿Te ha sucedido nunca? Si eras alguien pasivo ante el cambio y has cambiado me gustaría saber el porqué y el cómo.