Las costumbres y tradiciones familiares, tienen una importancia fundamental en el desarrollo psicológico infantil (también para la vida adolescente o adulta). La lectura de historias antes de dormir, vacaciones compartidas, los almuerzos familiares de fin de semana, la celebración de cumpleaños, la asistencia regular a oficios religiosos, y cualquier actividad que tenga importancia o significado simbólico para el grupo familiar tiene enorme impacto en el desarrollo emocional de los niños.

Estos encuentros son esenciales para el desarrollo de la personalidad y son estudiados con interés por investigadores, ya que están estrechamente relacionados a la estabilidad de la salud mental.

Multi Generation Family Celebrating With Christmas Meal

La autoestima, y eso que en el lenguaje común llamamos “tener personalidad” (mezcla de confianza en si mismo con autoafirmación) son aspectos de la identidad del individuo que dependen estrechamente de las costumbres y tradiciones de la familia. Los rituales o costumbres familiares no solo definen la identidad familiar, sino la de cada uno de sus miembros. Hace que sus miembros sientan orgullo de pertenecer al grupo familiar, y les confiere seguridad.

Pocas cosas tienen más valor afectivo que lo particular de cada familia, el sello “de fábrica” que imprime la familia a sus integrantes que opera psicológicamente como sello indeleble en el cerebro del niño para construir su identidad como persona.

Muchos trastornos y padecimientos emocionales pueden ser prevenidos si se mantienen y repiten estas celebraciones o costumbres de gran contenido afectivo. Los ritos familiares proveen un “alimento” emocional necesario para el desarrollo de la personalidad. Las celebraciones en familia confieren una fortaleza especial a estos grupos, y provee de una especie de inmunidad para los padecimientos emocionales.

Estas celebraciones deben protegerse de situaciones que las pueden perturbar o degenerar como por ejemplo el abuso de alcohol. Cuando el abuso de alcohol prevalece en las celebraciones, se aumenta el riesgo de inducir el alcoholismo en sus miembros y se degrada el encuentro. El efecto desorganizador que tiene en las costumbres familiares el abuso del alcohol impide que ejerzan su efecto preventivo y formativo, y produce niños débiles emocionalmente.

La celebración de tradiciones populares es una forma poderosa de contribuir al desarrollo emocional de los niños. Desde los hogares más humildes a las familias más encumbradas tienen la oportunidad de aprovechar estos momentos de acercamiento para contribuir al crecimiento de los niños.

Lamentablemente a pesar de que la ciencia va descubriendo el valor preventivo de los rituales, y las costumbres familiares en desarrollo psicoemocional, la sociedad le va restando importancia. La vida moderna está amenazando con acabar con los encuentros familiares significativos. Cada día se pierden ocasiones para que la familia se reúna en torno a celebraciones importantes.

Estamos frente a un poderoso instrumento preventivo y formativo, que la sociedad debe aprovechar y estimular en forma masiva.