Castigos o consecuencias, ¿qué es mejor para la educación de los hijos?

Castigos o consecuencias, ¿qué es mejor para la educación de los hijos?

Consejos Altea, Orientación familiar / 30.11.2018

Como padres y madres, a veces nos encontramos perdidos porque no sabemos qué es mejor. ¿Introduzco castigos, consecuencias…? ¿Y qué diferencias hay? ¿Cuándo introducir el refuerzo positivo? ¿Lo estaré malcriando? Son tantas las preguntas que aparecen que a veces nos sentimos abrumados ante la cantidad de información existente.

Educar no es fácil porque es un concepto que incluye muchos otros

Educar no es fácil porque es un concepto que incluye a muchos otros. Sabemos que como padres y madres, no siempre es fácil aplicar cada uno de ellos en su justa medida

Y es que… ¿Quién dijo que educar era fácil? En una sociedad de estructuras familiares cambiantes, de ritmos rápidos y exigentes, los hijos buscan espacios para reafirmarse.

Criar a un niño requiere amor, tiempo, paciencia, flexibilidad y, en momentos difíciles, grandes dosis de calma y firmeza. Educar implica enseñar, guiar y también corregir. Por ello los padres debemos poner las normas y límites necesarios para que los hijos crezcan seguros, autónomos y con capacidad de resolver las frustraciones y pequeños conflictos que vayan presentándose en su camino.

Pero ¿Cómo corregir cuando su comportamiento no es adecuado? ¿Cómo aplicar consecuencias o castigos? ¿Cuál es la diferencia entre ambos?

Un castigo es algo impuesto por la fuerza de la autoridad y siempre se vivirá como algo aversivo. Una consecuencia es algo que debemos asumir por nuestros actos y a veces será positivo y otras no tanto.

Un castigo es una sanción impuesta por la fuerza de la autoridad y siempre se vivirá como algo aversivo. Una consecuencia es algo que debemos asumir por nuestros actos, por lo que a veces se vivirá como positivo y otras no tanto.

El castigo hace referencia a una sanción que pretende penalizar una mala conducta. El castigo ha sido la base de estilos educativos autoritarios y generalmente utiliza elementos de valor para el niño, -retirada de actividades de su agrado, objetos, juguetes, restricciones de ocio o socialización, etc…- como forma de condicionar aversivamente esa acción para evitar así su repetición en el futuro. La frase coloquial que recoge este método correctivo ya es explícita, tanto en lo literal como en lo metafórico, de la filosofía subyacente : “Le doy donde más le duele para que aprenda”.

Albert Bandura explicó las consecuencias del aprendizaje vicario. Cuando le enseñamos a un niño un método determinado de resolver conflictos, lo asume como legítimo y tiende a repetirlo.

Albert Bandura explicó las consecuencias del aprendizaje vicario. Cuando le enseñamos a un niño un método determinado de resolver conflictos, lo asume como legítimo y tiende a repetirlo.

La aplicación de castigos es frecuentemente percibida por el niño como un acto injusto, genera mucha ira y, si se usa en exceso, produce una reacción de inmunidad y endurecimiento de carácter que empeora la relación con el adulto y daña la autoestima del niño. Otro hecho por lo que no es recomendable su uso, es que el contenido del castigo no siempre está relacionado con el contenido de la conducta inadecuada. Por ejemplo, el niño que no trae la agenda con los deberes del cole y se le castiga sin ir a un cumpleaños. En este caso lo más probable es que lo que aprenda el menor sea a no ser “pillado” por el adulto.

 

Consecuencias

Las consecuencias, en cambio, suelen ser aplicadas por padres con autoridad, que centran la atención en la conducta del niño. Las consecuencias son el resultado natural del comportamiento realizado. Por tanto, el niño aprende que ante conductas positivas logrará resultados positivos y, por contra, las conductas inadecuadas conllevan resultados negativos.

Cuando castigamos imponemos, cuando introducimos consecuencias educamos.

Cuando castigamos imponemos, cuando introducimos consecuencias educamos.

Veamos algunos ejemplos de aplicar una consecuencia ante una infracción cometida.

Supongamos que un niño ha descuidado intencionadamente un juguete y finalmente se rompe. ¿Qué consecuencia podríamos aplicar en relación a dicha conducta?

Efectivamente, la consecuencia irá encaminada a reparar el juguete o, en su defecto, a la retirada del juego. Si además el juguete es de otro niño, deberá disculparse y ofrecerle uno alternativo. Podría darle a cambio uno de los suyos o ahorrar para comprarle uno nuevo.

Pongamos otro ejemplo, una situación que puede ocurrir de manera habitual. Si tu hijo hace daño a un amigo. Después de lo mostrado, ¿Qué consecuencia pondrías?

Puede disculparse y realizar alguna acción que restituya el respeto, el cuidado y el cariño que habían quedado dañados.

Nos quedamos con lo que dice Mafalda: todo se resumen en que en la vida no hay premios ni castigos, sino consecuencias lógicas de unos actos que a veces irán en un sentido y otras en otro.

Todo se resume en que en la vida no hay premios ni castigos, sino consecuencias lógicas de unos actos que a veces irán en un sentido y otras en otro.

La importancia de aplicar consecuencias es que permiten que el niño aprenda con sus errores la resolución de situaciones y, todo ello, sin perderle el respeto y sin dañar su autoestima.

 

Julia Sáez Gázquez
Psicóloga Infantil. Logopeda

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