El duelo en menores

El duelo en menores

Adolescencia, Apego, cambios emocionales, Comunicación, Consejos, Duelo, Infancia / 24.01.2021

Cuando fallece un ser querido comienzan una serie de cambios naturales. Estos tiene como objetivo la adaptación y encontrar la manera de aprender a vivir con ausencia física de esa persona.

En este articulo nos centraremos en las repercusiones que puede tener el duelo por el fallecimiento de un ser querido, en su desarrollo emocional y en las relaciones familiares.

El duelo en menores

Duelo en los menores

Según cómo se entienda el concepto de vida y de muerte, la educación alrededor de estos cambios vitales y cómo haya sido la situación (muerte repentina, larga enfermedad, familiar cercano, edad y circunstancias) así será la elaboración del duelo.

Este proceso no es único de adultos. También por el pasan los niños y las niñas. En el caso de los adolescentes el duelo tiene sus peculiaridades, atendiendo a su madurez y emocionalidad.

Es por esto, que es de vital importancia una buena comunicación y afrontamiento de estas situaciones para una elaboración natural y adaptada.

¿Qué es el duelo?

El duelo
El duelo

El duelo es un proceso natural por el que todas las personas transitamos una o varias veces en la vida. No solo esta relacionado con la ausencia física o muerte de un ser querido. Hay muchos tipos de duelos:

  • Los duelos evolutivos: relacionados con los procesos de madurez y el paso de hitos evolutivos (infancia, adolescencia, adultez y senectud)
  • El duelo vital: una separación o ruptura, duelos de relaciones significativas, etc.
  • Los duelos situacionales: la perdida de un trabajo, duelo por una mudanza, etc.

Los duelos implican transformación de nuestra realidad tal como la conocemos. Se puede interpretar como una ausencia, perdida, cambio, etc.

¿Qué supone el duelo los menores?

Como ya decíamos, es inevitable que nuestros menores sean participes de estos duelos y que incluso ellos mismo pases y experimenten sus propios procesos.

El concepto de vida y muerte, esta muy influenciado por la cultura y la educación. Solemos vivir de espaldas o ajenos a la muerte. La entendemos con un proceso traumático. donde se ven afectadas las relaciones familiares, las emociones, pensamientos, creencias, etc.

Cuando un ser querido muere los adultos nos enfrentamos a nuestros propios procesos atendiendo a nuestros recursos de afrontamiento y todas las creencias en torno a la muerte.

En la mayoría de los casos encontramos gran dificultad para comunicar o afrontar estas situaciones con nuestro/as hijos e hijas. Estas dificultades vienen dadas por nuestra propia dificultad para hacer frente a la situación, por nuestro desconocimiento de cómo compartirlos con los /las mas pequeños/as o incluso por el temor a que sufran por lo sucedido.

Numerosos estudios hablan sobre la importancia de normalizar la muerte y el duelo. Hablar con nuestros hijos e hijas de duelo es vital para su madurez emocional, además de que les facilita transitar el proceso de duelo.

¿Cómo le explico a mi hijo o hija que alguien querido ha muerto?

Encontrar las palabras en estos momentos tan sensibles es difícil. Suelen ser situaciones complicadas de hacer frente.

Consideraciones a tener en cuenta a la hora de hablar de «la muerte» con nuestros hijos y nuestras hijas.
  1. “El tiempo de oro”: En ocasiones la muerte viene tras una larga enfermedad o disponemos de un tiempo previo a que suceda. Hay que aprovechar este “tiempo de oro” para hacer un cierre emocional o despedida de la persona que va morir (visitar a esa persona, llevar a cabo algún ritual de despedida, atesorar recuerdos, cerrar historias pendiente). Siempre atendiendo a la edad de los menores y su capacidades de asimilación y entendimiento. Por ejemplo, si hablamos de adolescentes pueden visitar a esa persona y si son personas mas pequeñas pueden hacerles un dibujo o símbolo para que se la regalen a la persona que va fallecer.
  2. La anticipación: si podemos prever el momento en la que la persona va fallecer, es importante evitar “la ley del silencio”. Muchas familias deciden tener al margen a sus menores para evitarles el sufrimiento de la ausencia o proceso. Es primordial hacerles participes. Explicarles qué es lo que pasas y cuál puede ser el desenlace.
  3. Usar un lenguaje adecuado y adaptado a sus capacidades: a los niños y a las niñas hay que hablarle como niños y niñas. Usar palabras que puedan entender y procesar. A los adolescentes deberemos tratarlos como tales y usar un lenguaje adaptado a su edad sin infantilizarlos.
  4. Ponerle nombre a las emociones: en el casos en que la persona no tenga un madurez emocional amplia, es recomendable ayudarles a identificar las emociones que aparecen en torno al duelo. Si son muy pequeños o pequeñas es recomendables ponerles ejemplos concretos de su día a día que puedan entender y relacionar con las emociones.
  5. Dar la información justa y necesaria: evitar entrar en detalles que no puedan entender, procesar o gestionar.

¿Cómo dar la noticia?

La comunicación y el duelo
La comunicación es esencial en los procesos de duelo

Os dejamos algunas recomendaciones sobre cómo afrontar la comunicación de la noticia a los menores:

  1. Encontrar el momento y el espacio adecuado.
  2. Es importante que sean los referentes adultos o figuras de apego los que trasmitan este tipo de información.
  3. Prepararse previamente. Intentar saber qué decir y cómo lo vas a decir.
  4. Cuidar la proximidad física de afecto y la expresión emocional.
  5. Hablar con sinceridad. Dar los motivos necesario para que la persona pueda entender que es lo qué ha pasado y cómo ha pasado. Deberemos adaptarlos a la comprensión de los menores.
  6. Si durante al conversación surge la emoción en los adultos no minimizarla ni ocultarla. Hablar de esa emoción y darle espacio para que ellos y ellas se sientan seguros de compartirla o expresarla si la también lo sienten así. Es una forma de hacerles entender que estas serán algunas de las cosas por las que tendrán que transitar en sus propios procesos.
  7. Dar espacio a las preguntas y dudas.
  8. Asumir que no tenemos las respuestas ni solución a todo. Hay cosas en la vida que se nos escapan a nuestro conocimiento o no sabemos cómo manejar. Hacerles entender que quizás también les suceda a ellos o ellas. Es un manera de dar un espacio y permitirse sentir frustración. El manejo de la frustración requiere tener un repertorio amplio de habilidades que solo se adquieren haciendo frente a este tipo de situaciones y dando valor a las emociones y pensamientos. Sobreproteger a los/las menores les evitara ser personas habilidosas emocionalmente en un futuro.
  9. Dejarles participar en el proceso de despedida. Si hablamos de adolescentes, es recomendables darles la oportunidad de sentirse capaz de elegir si quieren ir al tanatorio o funeral. Si son mas pequeños podemos generar situaciones mas adaptadas de despedida. 
  10. Hablar de la muerte. Hay que tener cuidado con la simbología o metáforas relacionadas con la ausencia de la persona. Ser claros en el mensaje de no retorno. Utilizar la palabra muerte no es algo perjudicial para los menores.
  11. Estar atentos y atentas a que pasa después. Observar que ocurre en nuestros hijos y nuestras hijas días posteriores. Cómo sobrellevan la ausencia y el proceso de duelo. Pueden darse regresiones evolutivas, intensificar la expresión emocional, hablar de la muerte mas de lo habitual, reconocer la muerte en el día a día, etc. Todo esto es normal. Los menores están aprendiendo a integrar todo lo que les ha pasado en su propia historia vital y madurez. 

Lamentablemente estas situaciones son muy complicadas en muchos sentidos y suponen cambios radicales en la estructuras familiares. Por eso siempre recomendamos acudir a profesionales especializados que nos puedan orientar en torno al duelo.

Famara Pedrosa Caba.

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