Mindfulness para parar el pensamiento

Mindfulness para parar el pensamiento

Cambio de hábitos, Consejos Altea, Crecimiento personal, Estrés, Mindfullnes / 29.04.2022

No vamos a hablar de mindfulness, vamos a hacer mindfulness

Al coger la naranja enseguida noto que esta va a ser una de las experiencias más placenteras del día. Realmente es una naranja hermosa. Me llama la atención su redondez: casi perfecta. He sostenido en mis manos pelotas de tenis menos esféricas. Su tamaño es aproximadamente el de un puño cerrado, lo que hae que se ciña perfectamente a mi mano. Además, luce un color naranja intenso y el tacto de su piel es poroso y suave.

Observar los detalles con absoluta atención y deleitación hace que estemos 100% presentes y que la experiencia se magnifique
Observar los detalles con atención y deleitación hace que estemos absolutamente presentes y que la experiencia se magnifique

El mindfulness, sobre todas las cosas, apela a la ABSOLUTA PRESENCIA que ponemos a la hora de hacer las cosas

Al prestarle más atención, puedo notar la tersura que le otorga una piel fina en conjunción con un peso que, en comparación con su tamaño, resulta llamativo. Estas percepciones auguran una naranja prieta en su interior: rebosante de jugo. Imagino al pelarla una composición a modo de mandala constreñido en el que cada gajo ocupa su perfecto lugar, sin un hueco libre. Es de aquellas naranjas que más que comerse se beben sin necesidad de hacer zumo con ella.

Habiendo tomado plena consciencia de estas percepciones, tomé el cuchillo de hoja lisa y comencé a sajar la piel de la naranja. Es un proceso al que especialmente me gusta prestarle atención, pues me resulta muy agradable el tacto del fino sajo sobre la piel de la naranja, conforme el filo del cuchillo va descarnándola, dibujando círculos de un centímetro aproximado de grosor mientras avanzo de arribaa abajo. Me tomo como un reto personal el hecho de que la peladura quede entera, de cabo a rabo, para montarla sobre sí misma y esculpir sobre la mesa una suerte de naranja hueca al terminar de pelarla.

El tacto del corte del cuchillo es lo que siento en la mano derecha. En la izquierda, noto las distintas texturas que se van abriendo conforme avanza el corte de la piel de la naranja. En el principio noto el tacto poroso aunque fino del flavedo, la parte externa de la corteza de la naranja, pero pronto comienza a aparecer el acolchado, fresco y algo húmedo tacto del albedo, comúnmente denominado “la parte blanca”.

Mientras pelo la fruta, intervienen otros sentidos además de la visión y el tacto: es el turno del olfato. Adoro esas micropartículas que saltan de la piel de la naranja al ser pelada. Desprende un aroma ácido y amargo, en ese orden de predominancia. Cuando le prestas atención se transforma en una fragancia fresca que recuerda a una suave brisa primaveral, al verde y al azahar, a un cielo rendido a un sol mediterráneo que se darrama amablemente un plagado campo de naranjos. Permítanme que utilice descripciones tan sublimes, intento transmitir con ellas la elevada experiencia que puede llegar a ser el simple hecho de comer una naranja cuando se le presta atención plena.

Atención plena: esto es mindfulness. Es así como una acción pasa de ser meramente utilitaria a una experiencia compleja en matices

Volviendo a la naranja, el olfato se estimula conforme van saltando aquellas micropartículas, anuncio de que pronto llegaremos a su corazón para finalmente involucrar al sentido más importante de todos en esta experiencia: el gusto. Pero antes de él el tacto aún sigue funcionando. Disfruto del parsimonioso rasgado de esta parte de la piel, dejando finalmente al descubierto un tacto más fino perteneciente al de los gajos, por cuya superficie se dibuja una fina red de capilares blanquecinos. El premio final acaba de ser liberado. ¡Bien!

Es el turno de desgajar la pulpa. Pongo mucho empeño en hacerlo sin que se rompa ningún gajo durante el proceso. Es por eso que primero extraigo el eje central, del mismo tacto algodonado que el albedo. Me gusta prestarle atención a ese pequeño “clac”, indicativo de que puedo extraerlo de una sola pieza. Luego, utilizo mis dedos a modo de cuña para ir abriendo camino cuidadosamente entre los septos a fin de lograr extraer los gajos íntegramente. Me gustan especialmente esos pequeñitos que se encuentran en, podríamos decir, la panza de la naranja. Suelo comerlos uno a uno muy despacio dejando que el líquido de su interior se derrame sobre mis papilas gustativas. Ácido y dulce, fresco. Vaya delicia: sabe a naranja auténtica.

Mientras los como uno a uno, a veces parto alguno de los más grandes por la mitad para observar su interior. Curiosamente, está formado por decenas de vesículas dispuestas entre sí como los propios gajos, en una configuración de colmena-mandala que no da lugar al espacio vacío. Y así voy dando deliciosa cuenta de todos y cada uno de los gajos de la naranja queriendo que no termine nunca, pero aceptando que la experiencia es hermosa precisamente por efímera.

El mindfulness sobre todas las cosas es aceptación del momento presente, lo que incluye la aceptación de que todo suceso (también los placenteros) tiene un fin

Finalmente, dedico un ratito a juguetear con el flavedo, enrollándolo sobre sí mismo, haciéndolo cuadraditos pequeños… Lo que me lleva a recordar: ya es tiempo de que dedique uno de sus pedazos a fabricarme una dentadura de pantomima que colocar sobre mis encías, en el interior de los labios, entre éstos y los dientes, para arrancarle una sonrisa a alguien, tal y como hacían conmigo mis mayores hace al menos treinta años. El gusto que da eso es bastante amargo, pero da gusto hacerlo. La sonrisa del pequeño de la casa lo merece.

Y es así como termina la sublime experiencia de comer una naranja, tan repleta de matices cuando se le ofrece espacio suficiente. Así, su función alimenticia queda relegada a una posición secundaria para dar lugar a una expandida función de deleite, de disfrute, casi podríamos decir artística.

La vida puede ser vivida justo así, en ese formato contemplativo para expandir la experiencia presente. El nombre moderno para esta manera de experimentar las cosas es mindfullnes y de ello, que no es religión ni mística ni ideología, sino disciplina, hablaremos en un próximo artículo.  

Alfonso García-Donas

Psicólogo

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