FAQ

PREGUNTAS FRECUENTES CONTESTADAS

El psicólogo es un profesional experto en desarrollar estrategias que ayuden y faciliten el cambio para acabar con el sufrimiento, conseguir nuestras metas, mejorar las relaciones, desarrollar nuestros recursos y aprender a afrontar los problemas. Todo lo que tiene que ver con lo que hacemos, pensamos y sentimos entra en su campo de entendimiento. Su psicólogo le ofrecerá ayuda para entender el origen de sus problemas y utilizará las mejores y las más adecuadas técnicas para proporcionarle cambios emocionales, conductuales y/o cognitivos. Su psicólogo le acompañará en todo momento en el proceso aprovechando al máximo los recursos internos que usted tiene.

Aparece algún síntoma que te produce malestar o que te incapacita en tu vida cotidiana: ahogos, llantos, crisis de angustia, obsesiones,…

Tienes un familiar o allegado que está sufriendo y no sabes cómo ayudarle.

Quieres mejorar tu estado de ánimo, tu capacidad para enfrentarte a los problemas y solucionar situaciones que ahora te resultan complicadas, desagradables o difíciles.

Te gustaría profundizar en el conocimiento de ti mismo, explotar al máximo tus capacidades y recursos, entrenarte en habilidades sociales, mejorar tu autoestima y en definitiva sentirte mejor.

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Podemos necesitar ayuda psicológica por diferentes motivos. No solo debe iniciarse cuando se tiene un problema que nos desborde, que nos dificulte o impida vivir de la forma deseada o que nos produzca un gran malestar y sufrimiento.

Hay momentos en nuestra vida que nos sentimos diferentes, más vulnerables o más irascibles. Momentos en los que sabemos cuál es el motivo de nuestro malestar o angustia pero no somos capaces de afrontarlo adecuadamente. O tal vez hay situaciones que siempre hemos evitado y queremos de una vez por todas poner soluciones.

También puede pasar sencillamente que tengamos dudas de cómo afrontar una situación y necesitemos una orientación con nuestros hijos, nuestra pareja, familia, compañeros de trabajo…

Cualquiera de estos momentos son idóneos para solicitar ayuda profesional. Es importante tener en cuenta que cuando demoramos pedir apoyo profesional   puede tener como consecuencia el agravamiento del malestar que sentimos.

En definitiva, un psicólogo te puede ayudar cuando

  • no consigues los objetivos que te propones en la vida: falta de motivación en la vida, rendimiento escaso en los estudios, ascender en el trabajo, tener una vida social amplia, encontrar pareja…
  • no sabes cómo afrontar determinadas situaciones: la muerte de un ser querido, un despido, una ruptura o separación, el exceso de bebidas alcohólicas, drogas o problemas de relación interpersonal a nivel familiar o social.
  • tienes una sensación general de malestar, angustia o inquietud contigo mismo o con los demás. Problemas con el sueño, estados ansiosos/angustiosos o con la alimentación por ejemplo.
  • cuando aparece algún síntoma que te produce malestar o te incapacita en tu vida cotidiana como ahogos, llantos, crisis de angustia, obsesiones…
  • si tienes un familiar o allegado que está sufriendo y no sabes cómo ayudarle también puedes encontrar ayuda en el psicólogo.

Y por supuesto si te gustaría profundizar en el conocimiento de ti mismo, explotar al máximo tus capacidades y recursos, entrenarte en habilidades sociales, mejorar tu autoestima y en definitiva sentirte mejor.

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Todas las personas que quieran estar mejor, tanto porque les preocupa algún problema en concreto, quiere encontrar respuestas o, simplemente porque quieren mejorar sus recursos.

Esto no significa que pedir ayuda ante un problema signifique que sea más débil que otras personas. Porque un amigo o un familiar sólo te pueden aconsejar desde su perspectiva personal, y a veces por ser una persona cercana que te quiere no es objetivo ni experto en potenciar cambios, enseñarte nuevas estrategias para afrontar las cosas y ayudarte a salir de círculo que parecen sin salida, a menudo complicado.

El profesional que nos puede ayudar en estos casos y el experto en potenciar cambios es el psicólogo.

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El criterio fundamental es que algún aspecto de tu vida te esté causando malestar o que te sientas mal pero no sepas exactamente por qué. O, aunque sepas el motivo, no sepas afrontarlo o gestionarlo de la mejor manera. La intervención de un psicólogo abarca una amplia variedad de áreas: ansiedad, problemas familiares, relaciones sociales, problemas de conducta de nuestros hijos, problemas de salir que no tienen un origen médico identificado, agresividad, miedos, y un largo etcétera.

Un amigo o un familiar sólo te pueden aconsejar desde su perspectiva personal, y a veces por ser una persona cercana que te quiere no es objetivo ni experto en potenciar cambios, enseñarte nuevas estrategias para afrontar las cosas y ayudarte a salir de círculo que parecen sin salida, a menudo complicado.

El profesional que nos puede ayudar en estos casos y el experto en potenciar cambios es el psicólogo.

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Es muy habitual. La mayoría de personas evitan ir al psicólogo a pesar de necesitarlo, ya que aún hay muchos prejuicios sociales. Aún está mal visto ir al psicólogo y mucha gente no explica que acude. En las primeras sesiones están nerviosas porque sienten vergüenza por los motivos de consulta y por no ser capaces de resolverlos. Son errores importantes que se han de afrontar. Es importante plantar cara a los tabúes, aceptar la vergüenza y romper el hielo viniendo a la primera visita. La confianza con el psicólogo eliminará dicha vergüenza y la ansiedad en las siguientes visitas.

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Para que la terapia sea efectiva, lo más habitual es concertar una visita semanal o cada diez o quince días, espaciando las citas a medida que se van obteniendo resultados. Puede haber sesiones de seguimiento meses después.

Que te acompañe alguien o no depende de que eso te ayude a ti, que lo prefieras tú. Si crees necesario que otros hablen de lo que te sucede desde una perspectiva diferentes, puede ser útil que te acompañen. En cualquier caso, hay veces que es recomendable que algún familiar o persona allegada pueda venir a visitarnos con el fin de poder adquirir mayor información, o simplemente para asesorarle de los beneficios que puede obtener si cambiar algo que consideramos no es adecuado que realice, y de esta manera conseguir los objetivos planteados en la terapia. Si el profesional que te va a atender entiende que puede ser útil hablar con alguien de tu entorno, te lo comentará y tú decidirás si le pides que te acompañe en la próxima sesión.

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El tiempo necesario para conseguir los objetivos hayas marcado en el inicio de la misma. Dependerá además de otros factores, como por ejemplo el problema a tratar, la cronicidad del problema, las necesidades que tengas y tu implicación en la terapia, y de las alternativas y recursos disponibles para la solución. La implicación con la terapia y el compromiso con ella es fundamental e implica una asistencia regular a la consulta y la asunción de la propia responsabilidad en el proceso de cambio.

Por lo que el número de sesiones varía mucho en cada caso. El psicólogo que te atienda podrá darte una estimación del tiempo necesario para la superación de tu demanda después de evaluar específicamente tu caso. En la mayoría de los casos puede oscilar entre los tres o cuatro meses y un año. La periodicidad puede ser semanal o cada quince días, espaciándose progresivamente.

También debemos tener en cuenta que la experiencia y la cualificación de los profesionales acorta la duración de los mismos. Un tratamiento bien planteado, bien pensado y dirigido por un profesional con experiencia requiere menos sesiones para que sientas beneficio de la terapia.

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Cada persona reacciona de forma distinta al proceso. Hay personas que experimentan cambios desde el mismo momento en que piden ayuda psicológica, y otras que necesitan un número más elevado de sesiones para notar esos cambios. También depende del problema que vayamos a tratar, de lo arraigado que esté, de la personalidad, capacidad de aprendizaje, y de algo fundamental como es la actitud de la persona ante el proceso terapéutico.

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El psiquiatra considera los problemas del paciente como resultado de algo que no funciona bien en el organismo (en el cuerpo); por el contrario el psicólogo clínico se centra en aspectos psicológicos (cómo influyen en el problema de las relaciones y situaciones sociales, familiares, las emociones propias y de los demás, la opinión y visión personal que se tiene sobre los problemas, etc.

En definitiva, un psiquiatra estudia y trata los procesos biológicos relacionados con la salud mental, mientras que un psicólogo lo hace con los procesos psicológicos (pensamientos, emociones y conducta) relacionados con la salud mental.

Esto no quiere decir que el psicólogo excluya en su tratamiento los aspectos orgánicos, o que el psiquiatra haga lo propio con los factores psicológicos. El psiquiatra se ocupa habitualmente de diagnosticar y recetar fármaco, mientras que el psicólogo clínico, junto con el diagnóstico, busca analizar las dificultades específicas del paciente en su día a día y hace un plan ajustado a éstas para superarlas.

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En psicología existen distintas maneras de entender cómo funciona un padecimiento. Así como en la medicina algunos pacientes responden mejor a un tipo de fármaco que a otro, en el caso de la atención psicológica, un tipo de psicoterapia puede funcionar mejor para una persona que para otra.

Una adecuada valoración, la continua formación, la experiencia y una ética profesional escrupulosa, son las guías que tiene el psicólogo clínico para determinar cuál es la mejor intervención en cada caso.

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Los datos de toda persona que acude a consulta son totalmente confidenciales. La información obtenida será tratada conforme al secreto profesional y no será comunicada a terceros (a no ser que la persona así lo autorice de forma explícita). Ésto incluye a familiares (en caso de mayores de edad).

Toda información, incluyendo datos biográficos, necesaria para el apropiado desarrollo de la intervención terapéutica se encuentra protegida por el código deontológico del psicólogo y por la Ley de Protección de Datos.

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Si te vas a beneficiar de un tratamiento psicológico, hay que tener en cuenta para el cálculo del coste total el tiempo que va a durar, así como, el número de sesiones que se van a necesitar, la periodicidad con que se asistirá, y por supuesto, el número de personas implicadas.

Un tratamiento convencional requiere acudir a consulta entre una vez a la semana y una vez cada quince días, dependiendo de las características del caso. El seguimiento puede ser mensual o trimestral.

El número de sesiones necesarias varía mucho según cada caso. El profesional que le atienda podrá darle una estimación del tiempo necesario después de evaluar detalladamente su situación.

Con un tratamiento bien planteado, pensado y dirigido por un profesional con experiencia, se requieren menos sesiones para que el cliente sienta el beneficio de la terapia, lo que reduce notablemente el coste final.

Tenemos varias modalidades de pago y descuentos por algunas vías. *Consúltanos. Apostamos por potenciar los recursos que ofrece la psicología para que sean asequibles a todo el mundo.

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En ALTEA PSICÓLOGOS tenemos una orientación fundamentalmente cognitivo-conductual, constructivista, y sistémica. Este tipo de intervención es la más utilizada y más contrastada científicamente.

La mayoría de los problemas pueden abordarse con esta metodología, que supone entender el siguiente esquema:

Tenemos una serie de patrones de pensamiento a veces equivocados, que activan determinadas emociones y nos hacen afrontar ciertas situaciones, a veces de manera ineficaz. Con estos patrones nos relacionamos en los diferentes sistemas: familiares, sociales y laborales e intentamos comprender el mundo que nos rodea.

Con la guía de un psicólogo, se analiza dicho funcionamiento y estructura en la que estamos inmersos, considerando estos patrones, emociones y conductas que nos hacen estar mal, y se aprende a emplear otros mecanismos más útiles y beneficiosos.

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En ALTEA PSICÓLOGOS cuidamos la relación terapeuta-paciente, ya que el vínculo que se establece entre ambos constituye una experiencia emocional muy reparadora. Nos adaptamos a las demandas de cada persona con el valor del respeto hacia el otro, la empatía, el uso adecuado del lenguaje y proporcionando la cantidad de protección, confianza y seguridad necesarios para solucionar sus conflictos y desarrollar su autonomía emocional.

A lo largo del proceso terapéutico este fuerte vínculo se irá consolidando, manteniendo una confianza mutua y validando cada experiencia, pensamiento y emoción que la persona muestre, haciéndole sentir que es plenamente aceptado.

El psicoterapeuta además de conectar emocionalmente con el paciente, mantiene la distancia necesaria para poder ayudarle. Por tanto, la intervención psicológica constituye una nueva oportunidad de establecer un vínculo sano con una persona de referencia, donde aprender a valorarse y a sentirse seguro en el mundo.

A través de la relación terapeuta-paciente se puede restablecer de alguna forma, la manera en que nos vinculamos con otras personas, e incluso reparar aquellas relaciones que no se han establecido de manera adecuada en el pasado.

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En la consulta no es imprescindible abrir nuestra intimidad desde el primer momento; el cuándo y el qué contar al terapeuta es una opción personal. El ritmo del proceso de esa implicación lo establece el propio cliente cuando percibe que el psicólogo nos garantiza confidencialidad y comprensión.

Todas las personas tenemos derecho a preservar nuestra intimidad y compartir aquello que creamos necesario y en el momento en que lo estimemos oportuno.

El proceso de terapia en ocasiones requiere de gran esfuerzo para hacer frente a dificultades muy internas. Es recomendable compartir lo que nos perturba siempre que sea con profesionales cualificados, en un espacio confidencial y de confianza, donde poder expresarse sin ser juzgados. *Consulta sin compromiso.

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Por supuesto. A veces las circunstancias y experiencias que una persona vive le llevan a necesitar un espacio y una persona objetiva, neutral y con experiencia para hablar honestamente de una situación vital y urgente.

Por la propia naturaleza de los temas y por la urgencia y premura en tomar una decisión que puede resultar decisiva en el curso de una vida, estas intervenciones suelen ser de una sola sesión, extensa, de alrededor de dos horas de duración. Estas son probablemente las actuaciones más delicadas y sensibles que un terapeuta pueda llevar a cabo. Un asesoramiento de calidad en estas situaciones de crisis se beneficia, más que en ningún otro momento, de la pericia que proporcionan los años de experiencia.

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Una vez que la persona ha alcanzado los objetivos por los que decidió comenzar la terapia y ha adquirido las estrategias para hacer frente a aquellas dificultades que previamente le bloqueaban, comienza una nueva etapa de la intervención donde el tiempo entre sesiones es cada vez más prolongado. Durante este tiempo psicólogo y paciente valoran la eficacia de la terapia y cómo se ha interiorizado todo lo aprendido.

Habitualmente las sesiones de seguimiento suelen espaciarse comenzando con dos sesiones al mes, posteriormente una al mes y así progresivamente en función de cada caso y siempre en consenso psicólogo-paciente.

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Normalmente cuando una persona ha pasado por un proceso terapéutico y un adecuado periodo de seguimiento donde ha puesto en prácticas lo trabajado en las sesiones, es capaz de resolver sus dificultades diarias y quedan satisfechos los motivos por los que acudió, la terapia se da por finalizada.

Eso no quiere decir que si la persona vuelve a tener dificultades para lograr sus objetivos y metas vitales, o lo considere necesario por los motivos que sea, pueda solicitar una nueva sesión, y si es preciso, retomar la intervención.

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El psicólogo está dotado de una visión más amplia en cuanto a los diferentes aspectos del desarrollo del niño, especialmente a nivel cognitivo, perceptivo, afectivo y social.

El psicopedagogo ha cursado una carrera concreta (Psicopedagogía)que le forma para apoyar a personas en aspectos relacionados con el aprendizaje académico. También existe la rama de pedagogía terapéutica en la carrera de Profesor de E.P.. Se trata de profesionales que, por su formación, deben dominar las técnicas de enseñanza, especialmente las que se dedican a niños con dificultades.

El logopeda es un especialista en lenguaje: trastornos del habla, de la voz, de lectura, de escritura, etc. Puede ser además un psicólogo, psicopedagogo o maestro, que ha cursado estudios de “Patología y terapéutica del lenguaje”.

Nuevamente mencionamos que lo ideal son los equipos de profesionales, por eso ALTEAPSICOLOGOS está formado por logopedas, psicólogos y psicopedagogos. Entre todos podemos llegar a determinar la solución pertinente para cada dificultad.

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Cuando exista un retraso o dificultades en la adquisición de habilidades, destrezas o conductas correspondientes a la edad de su hijo, como: el habla, control de esfínteres, diferentes hábitos de autonomía, lectura y escritura, relaciones sociales…

Cuando persisten y se mantienen en el tiempo características de edades anteriores: miedos a dormir solo, a la oscuridad, a los extraños a no separarse de la familia …

En ocasiones, los niños muestran su malestar y desadaptación a través de su comportamiento ( enfadados constantes, llantos, cambios bruscos de humor, desobedecer, mostrar negativismo u otras conductas perturbadoras ) o por las cosas que dicen o cómo las dicen … A veces las manifestaciones pueden ser más sutiles, tanto que no se consideran problemáticas, como estar muy tranquilos, apagados, sin ganas de jugar, ser siempre muy solícitos …

En cualquier caso siempre que la familia y/o el colegio tengan dudas sobre la adecuación o no de ciertos comportamientos, o el manejo de ellos, sería conveniente acudir. La prevención es muy importante.

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No es posible decir de entrada que está ocurriendo para que su hijo tenga estos problemas de comportamiento. Para cada caso es necesario hacer un análisis específico y exhaustivo teniendo en cuenta sus circunstancias particulares. La conducta de los niños depende de factores diversos: ambiente, maduración, aprendizaje… y todos ellos han de ser evaluados antes de dar una orientación.

Los cambios en negativo son señales de alarma. Si un niño drásticamente se vuelve indisciplinado, de ser aplicado pasa a ser descuidado, disminuye su rendimiento escolar, si de ser obediente pasa a ser díscolo, si comienza a ser algo provocador, si se vuelve más angustiado o de ser normalmente tranquilo se vuelve inquieto y nervioso; es importante explorar qué está ocurriendo.

El primer paso sería determinar si las dificultades de su hijo requieren o no intervención terapéutica y que tipo de tratamiento es el más aconsejado para su caso.

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El primer paso es determinar si dichas dificultades requieren o no intervención terapéutica y que tipo de tratamiento es el más aconsejado para su hijo.

Posteriormente, buscar un buen equipo de profesionales, con prestigio y años de experiencia, reconocimiento oficial y colegial y con garantía para llevara a cabo dicha intervención.

No se sienta cohibido y solicite toda la información que necesite y plantee todas sus dudas hasta quedar satisfecho de que acude a un centro y le atiende un psicólogo que le merece la mayor de su confianza.

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La seguridad que un niño aprende a adquirir es un reflejo de la confianza que le tienen los demás. Si un niño es educado para ser capaz de resolver sus problemas por sí mismo, y para actuar ante ellos, es probable que vaya ganando una buena autovaloración y seguridad.

Un niño sobreprotegido, al que se le ha prestado excesiva ayuda para hacer las cosas (o simplemente se las han hecho), no va ganando confianza en sí mismo, sintiéndose inseguro y vacilante.

En el extremo contrario, un niño sometido a una excesiva exigencia, al que no se le valoran los aciertos y siempre se le pide más de lo que hace, acaba por no confiar en sí mismo, y por pensar que haga lo que haga lo hará mal.

Adquirir seguridad exige una conducta muy coherente por parte de los padres: deben asesorar a sus hijos para que hagan cosas y valorarlos por el hecho de hacer, los resultados deberían de quedar en un segundo lugar. El niño que ha sido elogiado por tomar iniciativas y bien orientado para hacer cosas, se siente seguro en sí mismo, y con confianza para superar los obstáculos.

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En primer lugar ser sincero, aportar la información necesaria, ajustada a su edad y al conocimiento que tenga el niño del problema.

Podemos usar diferentes palabras para facilitar la comprensión del menor. Un psicólogo es un especialista, un técnico,  un entrenador, un profesional que le va a ayudar a resolver sus dificultades.

“ sabe escuchar, muestra comprensión, te apoya en tus dificultades, puedes confiar en él, conoce porque ocurren ciertas cosas y cómo ayudar a resolverlas, te va a enseñar “trucos”, estrategias, para conseguirlo …, al que acudirás un día a la semana durante un tiempo, que a veces solo estaréis vosotros dos, o también podrán estar los hermanos y los papás … que cuando resuelvas tus problemas, dejarás de ir porque ya no lo necesitarás … pero que si alguna vez lo necesitas podrás volver y seguro que se acordará de ti.”

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Es importante dar una explicación sencilla y comprensible en función dela edad del niño, que le haga entender la finalidad de la visita al psicólogo. Generalmente los niños aceptan bien la propuesta si el planteamiento no se hace como una amenaza o en momentos de enfado.

Suele funcionar bien hablarles del deseo de buscar soluciones a aspectos concretos que seguro en el contexto ya se han planteado como dificultad o problema, en momentos de calma y sin culpabilizarle. Nuestra actitud normalizada será fundamental.

No obstante, durante la primera consulta de padres y una vez conocemos las características del niño y de la cuestión a resolver, solemos orientar sobre cómo hacer este planteamiento de una manera individualizada y adaptada a cada caso.

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Junta de Andalucia

ALTEA PSICOLOGOS figura inscrito en el Servicio Andaluz de Salud como centro proveedor de asistencia sanitaria con la oferta asistencial de PSICOLOGÍA CLÍNICA (U. 70). Con el Nº NICA 11.889