altea psicologos estudiarEl verano trae mucha felicidad consigo, pero también puede acarrear malas experiencias (mosquitos aparte) como las malas notas, un toro con el que muchas familias deben lidiar. Cuando el número de asignaturas suspensas es bajo, una o dos, no supone ningún problema; es más esas malas notas pueden suponer un toque de atención importante para el alumno. Así, prestará más atención, se esforzará más y su rendimiento académico aumentará.

Sin embargo, cuando el número de suspensos es mayor a tres, o incluso llega a cinco o más, nos enfrentamos a una situación que puede derivar en fracaso escolar. No tiene por qué, ya que la voluntad y el empeño puede permitir alcanzar grandes logros, aunque será mucho más difícil levantar cabeza en cuanto se ha llegado a este punto.

Las malas notas no afectan sólo a los alumnos, si no que es un problema para la familia entera. Por ello, nos gustaría aportar algunas recomendaciones para que los padres sepan llevar (y sobrellevar) esta situación que puede enturbiar sus vacaciones y perjudicar el estudio de sus hijos.

 

Es importante mantener la calma

Es necesario ser estimulante y comprensivo a la vez que firme. No se puede desviar la atención del tema ni restarle importancia, pero situar a su hijo en una escena completamente hostil, ya que el que recibe la somanta de gritos puede comenzar a rechazar esta actividad ya que le supone serios problemas emocionales o el incremento de ansiedad. Debe saber que ha cometido un error muy serio y que debe aumentar su rendimiento, pero que sepa que cuenta con el apoyo de su familia.

 

El alumno debe responsabilizarse de sus suspensos

No es culpa de nadie más que del alumno. No se puede aceptar que “el profesor me tiene manía” o “es que no se me da bien”. Se suspende cuando no se ha estudiado lo suficiente, y si es necesario estudiar más en una asignatura que resulta más complicada que las demás, habrá que invertir más tiempo. No nos sirven las excusas; necesitamos responsabilidad.

 

Hay que saber adelantarse a los suspensos

altea psicologos librosEstas situaciones se ven venir desde lejos: por eso es tan importante la responsabilidad de sus actos y omisiones. Eso incluye la responsabilidad de los padres, que deben mantener un seguimiento del estudio de sus hijos para poder reconducir a tiempo un fracaso tan estrepitoso. Son jóvenes y tienen muchas cosas que hacer al día, es posible que se despisten o que se descentren. Hay que ayudarles y empujarles a crear una disciplina de estudio adecuada. Así siempre se sabrá en qué se está fallando, aunque sin caer en el pensamiento de que “es el fin del mundo”.

 

Establezcamos las consecuencias desde el principio

No necesitamos castigar y fastidiar a nuestro joven alumno por sus malas notas, necesitamos que sepa desde el comienzo de curso qué pasará en verano si suspende. Necesitamos que se pongan a estudiar y que sean disciplinados, así que, en lugar de establecer una terrible venganza con ellos, hay que establecer una pérdida de privilegios que sólo pueden recuperar si cumplen las metas y objetivos predeterminados. De esta forma, si cumplen con sus horarios de estudio, podrán hacer otras actividades más divertidas. Por supuesto, en caso de que se apruebe, finalidad de todo esto, no se debe premiar; aprobar es la obligación de nuestro hijo. Se le felicitará adecuadamente, pero no comenzaremos a comprar consolas ni motos. Nuestro hijo debe entender que debe enmendar un problema que se ha creado por su desidia y que debe entender la importancia de sus estudios.

 

Suspender un buen puñado de asignaturas no tiene porqué arruinar las vacaciones, ni para el alumno ni para los padres. Es un momento de recoger las riendas y trabajar el doble de lo que no se ha trabajado durante el curso. ¡Ánimo!