Según Urban, en nuestro cerebro conviven un timonel que toma decisiones de forma racional y un mono que solo se preocupa por la gratificación instantánea. A menudo hacemos caso al mono, porque lo que nos propone es fácil y divertido, y en lugar de ir avanzando poco a poco en ese trabajo que tenemos pendiente, perdemos el tiempo en Twitter o jugando por séptima vez al Monkey Island 2. La única forma de ponernos a trabajar es cuando entra en acción el Monstruo del Pánico, es decir, cuando tenemos la fecha de entrega encima. “Al final funciona”, explica Urban.

Pero eso no es suficiente. Hace dos años, Urban escribió dos textos en su blog acerca de la procrastinación, explicando por qué somos víctimas del mono y proponiendo algunos consejos para hacerle frente, como las listas de tareas. Pero tras leer los comentarios se dio cuenta de que la procrastinación crea angustia y frustración, a pesar de que más o menos todos logramos acabar nuestro trabajo a tiempo.

altea psicólogos tim urban faceEn opinión de Urban -y este es el punto clave de su charla-, los peores efectos de la procrastinación se dan cuando no hay fechas límite. Es decir, cuando tenemos que dedicar tiempo a cosas que son importantes, pero que nadie nos exige, “como ver a tu familia, hacer ejercicio y cuidar tu salud”. Ahí no hay fechas límite. Nadie nos va a pedir que rindamos cuentas, excepto nosotros mismos.

Según Urban, cuando dejamos este tipo de tareas para otro momento, nos sentimos como espectadores de nuestras propias vidas. La frustración no se debe a que no hayamos podido alcanzar nuestros sueños, sino a que no hemos podido “ni comenzar a perseguirlos”.